Urtero bezala, Longidatarrak igo ziren Izagara
En de que avistaron a los de Aós, las campanas de Villaveta comenzaron a repicar y respondiendo corteses a los otros campaneros del Valle que habían bandeado antes.
Como un limaco negro que se movía por entre las matas de la vía del Irati, ocho mozorros de Aós, cruz al hombro, acompañados por la blanca, se aproximaban al punto de encuentro adonde estaban emplazados, el caserio de Zugasti. Allá esperaban los de Ecay, de Villaveta, de Acotain, de Artajo y de otros pueblos. Las cruces blancas se saludaron con un beso que no era traidor. De ahí, se aviaron hacia Zuza, franquearon el poche, donde casi rugían las aguas de la regata que venía brava y que recibía los sangreros que radían el camino descarados para dar en ella. Resbalones. A las puertas de Izagondoa, Leguin a la derecha, se alzó imponente como siempre Izaga, con boina de nubes y brisa del norte que la calzaba, presagiando el frio que aguardaba a la comitiva. El sol andaba a escondidas, quizás jugando con la luna, quién sabe.
Un repecho, llegada a Ardanaz, suena la letanía… Kirie Leison y las virtudes de María, iannua coeli, se cantan con las cruces alzadas. Almuerzo.
La primera acometida larga e inmisericorde, Izaga cada vez más pica, se apagan las palabras y se encienden los bofes jadeantes. Templa el paso la vanguardia, las botas hoyan en el barro con chasquidos humedos y repetidos. Parada, antes de emprenderla con la peña, ¡Arriba! es el último empellón. Entre las peñas se vuelven abrir los surcos.
Parada en el Salvetegi, las mesnadas se aliñan para la llegada triunfantes a la ermita, otro año más, Kirie Leison. El sudor, se escarcha y, si antes aliviaba, ahora atiere, en la cumbre hay nieve, cuya pureza quiebran algunos caminantes.
En la ermita alumbrados por candelas, Los Sanmigueles, el señor y el criado, matando al diablo, uno cornudo y el otro dragón. Se dice la misa, el señor cura se ha estrenado subiendo a pie. La bendición de los campos, Tente Nublo, a los cuatro vientos, ¡Protege las cosechas Señor!. Segundo almuerzo, el que da el Ayuntamiento. Y un poco avergonzados, por aguantar tan poco en la inhospita altura comienzan a bajar ahora con menos agobio. Pocos de Alzorriz este año, comentaron.
Ardanaz a la vista, repique de campanas, Kirie Leison, parada y fonda, dos mesas una para los de Aós y otra para el resto del mundo, Vicente despliega su acordeón y su repertorio. Café y copas, vuelta para casa, repique de campanas y hasta el año que viene, el tercer domingo de mayo, quién sabe si será más florido.






