Agosto y cinco días más y al Manaslu

Dentro de la preparación para subir un gran monte es importante hacerse una idea de al lugar a donde se va. Nosotros tenemos la suerte de que poseer unas grandes imágenes y experiencias de este monte, por  lo menos hasta el campo 2 a 6.800. Viendo las imágenes te das cuenta de que es lo que hiciste bien y tienes que repetir y que es lo que hay que hacer de otra manera. Además te aborda la nostalgia.

En 2005 un grupo de amigos nos animamos y preparamos una expedición. El asunto se desarrollo  como en todas, más o memos. La fase del trekking a la montaña, la fase más dura de aclimatar y  preparar los campos de altura y la fase del ataque a cima. El éxito fue total, pues regresamos todos muy bien físicamente a nuestras casas. Por desgracia no hicimos cima, supongo que porque así, teníamos una razón para regresar y exprimir el jugo del Manaslu.

Parte de la esencia de este jugo es el conocer más, a las personas que conoces y también el disfrutar de las nuevas compañías, que como fogonazos aparecen en la vida de todos nosotros. Ya sabéis.  Gente a la  que por una casualidad, durante un corto periodo de tiempo,  vida le ha trazado su línea paralela a la nuestra, y  que por su especial forma de  vivir o de ser, se nos ha quedado gravada.

Aquel colombiano llamado Fernando Alonso González Rubio, que abandonó su grupo de alemanes del campo base y se quedó con nosotros porque teníamos más comida. Era su segunda experiencia en el Manaslu y volvió una tercera vez para poder subirlo. Aquel Nacho Orviz,( la persona que palea en el vídeo)  que al no poder formar parte del equipo de “Al filo de lo imposible” vino con nosotros. Después ha acompañado a Edurne Pasaban en muchas de sus aventuras. Aquellos otros dos de detrás de Nacho que son, Guía Tozdale parlamentario georgiano que lo intentaba por quinta vez y Serguei Bogomolof que, nos sorprendió por subir con un chándal hasta el campo 2. Después creo que ha terminado los 14 ochomiles.

Gente especial.

Y ¿Rara?

Seguro que también………..pero sobre  todo gente especial que necesita una ración de cosas “de fuera de lo normal”, más grande que los demás y que en la montaña encuentran su dosis adecuada.

Nosotros, supongo que también algo raritos, iremos a pillar, intentando esquivar la sobredosis.