En Aoiz hay una calle adoquinada (3ª entrega – Calle Mediodía)

Hoy nos toca hablar de una calle en la que no sólo han cambiado sus casas, sino también su nombre.

Durante siglos, el alcalde de Aoiz nombraba un prior por cada barrio, que se encargaba de comentarle los problemas de sus vecinos y ayudarle para resolver sus necesidades. Estos priores se denominaban a veces por el nombre del barrio al que representaban: IRIGOYEN, IRIBARREN, LA PLAZA y MENDIBURUA, y otras por el nombre del punto cardinal donde estaban situadas las calles: PONIENTE-OESTE, ORIENTE-ESTE, MEDIODIA-SUR, NORTE-NORTE. Cuando en 1859 se hizo el nomenclátor de las calles de la Villa, la calle Mediodía recibió el nombre correspondiente a su situación al Sur (al Mediodía) de la población. Popularmente se dice que debe su nombre a que al mediodía da el sol a toda la calle sin ningún tramo de sombra.

En la foto de la década de los 50, ya se aprecia el desnivel entre la carretera y la acera de la calle. En la parte izquierda vemos el edificio de Correos con su buzón, hasta el que a muchos nos han aupado para echar las cartas. En el número 10 se distingue la tienda que hasta 1951 fue de Salvadora Gracia, y en la década siguiente la zapatería de Azcárate.

Al fondo se ve la gran casa en ruinas, que se dedicaba a garaje. Y en la parte derecha, cruzando la carretera, estuvo hasta 1955 la tienda de ultramarinos de Paca Goiburu, y más adelante  la carpintería de Manolo Cabodevilla.


La antigua calle Mediodía lleva desde 1992 el nombre de Francisco Ynduráin, catedrático,  académico  y escritor, nacido en su portal número 10.

En la foto actual vemos que se ha convertido en una calle moderna, con un buen adoquinado  y donde lo primero que nos llama la atención es el colorido de sus fachadas. El desnivel se ha hecho tan grande, que se salva con escaleras para llegar a las aceras.

A la izquierda se aprecia la puerta que en su día fue la peluquería de Iturri y después tienda de chucherías. Ha desaparecido Correos y hoy el local lo ocupan la Escuela de Música (que ha traído a la calle alegría y movimiento), y la sede de la asociación Bilaketa. Y vemos con tristeza el cartel del Bar Artze, hoy cerrado, que fue otro punto de encuentro en esta parte sur del pueblo.

En el lugar que ocupaba la casa del fondo, se han edificado viviendas y en la parte baja hay un gran supermercado.

A la derecha, los contenedores de todos los colores, forman un arco iris delante de la fachada de piedra del jardín. Más adelante, el estanco, y al lado la cabina de teléfonos, que nos recuerda un tiempo, no muy lejano, en el que nos servía para comunicarnos con la gente.

Desde luego, la calle ha cambiado mucho, y  quizá lo que más resalta es el color de las casas, pero para mí, sigue teniendo algo que me hace recordar otros tiempos, sobre todo cuando veo que en ella sigue habiendo unos niños jugando y un banco para salir “a la fresca”.

Francisca Oroz
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