Dulce adiós a las chuches en Aoiz

Domingo por la tarde. Principios de los años 90. Jornada invernal y lluviosa en Aoiz. El cine parroquial volverá a llenarse. Jóvenes y mayores coparán sus desvencijadas butacas para presenciar la esperada proyección de un estreno reciente. La cola para adquirir entradas es larga, y avanza lenta, pero no es la única. A escasos 150 metros, calle arriba, varias cuadrillas de adolescentes aguardan también su turno, armando bullicio y entre algún que otro empujón, en un pequeño local que huele dulce y ofrece ese premio en forma de chuche que se resiste entre semana. «Ponme dos regalices, una fresa, un dedo, una cocacola con pica-pica, una bolsa de pipas… ¿Cuánto voy, Dolores? Tengo 100 pesetas para gastar». Una escena recurrente, que muchos recordarán, en uno de los negocios más simbólicos y veteranos de Aoiz: «La Lola».

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