Sentido homenaje a un profesional

Su imagen me viene a la mente bajando unas escaleras, al fondo de la barra del estrecho bar en el que su presencia llenaba el espacio. Enmarcada por unas estanterías repletas de buen gusto emergía la figura de Patxi.

Nunca faltaban parroquianos en ese lugar, decorado con los mil y un detalles que los colegas le traían de los rincones más insospechados del mundo. Él los distribuía con mimo consiguiendo que ese pasillo que era su establecimiento se convirtiera en un verdadero hogar que compartía con todas las personas que se acercaban a echar un pote y disfrutar de la conversación.

Preparar un cubata no era pura rutina, sino que se tomaba su tiempo, como el artesano sabedor de que cada uno de sus movimientos hará del resultado final algo sublime, con un sello propio.

Con su saber estar hizo que ese pequeño rincón conocido como el Txe fuera para muchos un lugar acogedor por donde desfilaban más que clientes, amigos.

Una enfermedad se llevó a Patxi el último día de fiestas, en el epílogo de esos días que tantas veces había contribuido a hacer inolvidables desde la barra de su local.

Su marcha hizo el Pobre de mí todavía más triste y muchos decidieron recordar su ausencia colgando el pañuelo rojo en la verja que ahora mantiene sellado el Txe. Cuando rememoro esa estampa, se me pone un nudo en la garganta, porque me parece el mejor homenaje, el más sentido y emotivo que se puede realizar a un profesional de la hostelería que hizo de su trabajo un arte y un espacio de amistad.

Testua: Pello Guerra
Komunikabidea: Gara

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