Lakabe, ecoaldeas por un mundo en armonía

Varios miembros de la Red Ibérica de Ecoaldeas posan en Lakabe durante el 20º Encuentro

Recientemente, se ha celebrado en Lakabe (valle de Arce) el 20º Encuentro de la Red Ibérica de Ecoaldeas (RIE), un espacio de intercambio de experiencias entre más de 20 ecoaldeas, comunidades sustentables y otros proyectos del Estado integrados en esta red. No es casualidad que se celebrara en Lakabe, ya que se trata de uno de los proyectos más sólidos y antiguos que lleva 37 años de andadura. “Al haber crecido tanto este encuentro, hay pocos proyectos que puedan acoger a tantas personas, por lo que es una forma de honrar ese recorrido y de celebrar una etapa diferente”, afirma la vecina Mauge Cañada.

Y es que después de 20 años, la RIE se ha convertido en una de las redes de comunidades y ecoaldeas más antiguas de Europa, detrás de Italia. Su nacimiento vino inspirado de experiencias europeas, aunque en la península el referente fue el Movimiento Alternativo Rural de los años 80 que ya promovía un trabajo en red y conexión. “Los primeros encuentros reunían entre 30 y 50 personas. Entonces era importante mostrar que otro modo de vida era posible, de ahí que las comunidades y las ecoaldeas eran islas de futuro y laboratorios de experimentación”, asegura Kevin Lluch, residente en Los Portales, en Sevilla.

El punto de inflexión fue el encuentro de Lakabe en 2003, cuando llegaron a acudir 500 personas. Es cuando el mundo de la sostenibilidad comenzaba a ser algo potente. “Estamos en un momento muy sólido para la RIE de reafirmarse y crear red. Hemos conseguido mucha más visibilidad, antes éramos vistos como algo rarito y exótico, pero en los últimos años, el tema de la sostenibilidad, el cambio climático y de la biodiversidad están cogiendo mucha envergadura”, explica Lluch.

Desde entonces, estos encuentros sirven para la convivencia y el intercambio de conocimientos en torno a formas de vida en armonía con la naturaleza. Así lo hicieron del 12 al 15 de agosto las 450 personas que participaron en los distintos talleres y conferencias que se organizaron en Lakabe en base a las 5 dimensiones de la sostenibilidad (ecológica, social, económica, visión del mundo y transformación). Por un lado, con talleres troncales impartidos por miembros de la RIE que, a través de su amplia experiencia, enseñaron estilos de vida comunitarios y sostenibles. Paralelamente, también se ofertaron espacios abiertos, con cabida para otras actividades o propuestas de cualquier participante. Y por último, un espacio lúdico con actuaciones de teatro y música.

Con todo, el resultado cumplió con las expectativas. “El encuentro tiene un punto de conexión, de crear red, pero también de reírnos y disfrutar en comunidad”, admite Cañada. De hecho, aseguran volver de los encuentros con motivación y recarga de pilas. “La parte de inspiración es muy importante y este año ha sido ilusionante ver a muchos jóvenes que, a través del programa Erasmus+, se acercan a comunidades de Europa para conocer un mundo sostenible”, añaden.

INCUBADORA. La creciente demanda de incorporación a las ecoaldeas, hizo que en 2009 surgiera en este encuentro la incubadora, un programa de apoyo y acompañamiento a nuevos proyectos. “Cada vez tenemos una presencia más fuerte y ahora es el momento de que nuestra experiencia sea útil para la sociedad”, apostilla Lluch.

En efecto, han conseguido estar presentes en el Consejo Europeo e Internacional, colaborar con universidades o desarrollar programas formativos como la red Ecolise, donde actúan como lobby ante la Comisión Europea. “El hecho de que estemos más consolidados nos hace ver que necesitamos una interacción mayor con las administraciones y que haya un reconocimiento legal a este tipo de estructuras”, confiesan. Sin embargo, aseguran sentirse en un limbo, entre lo ilegal y legal, al no estar la legislación adaptada en cuanto a accesos de construcción, energía, Internet o creación de actividades económicas de tipo artesanal. “Es clave el giro que estamos dando y por eso buscamos que se cree un marco jurídico legal para la comunidad”, expresa Cañada.

Ilusiones no tan utópicas como hace 20 años que cada vez están más cerca de convertirse en realidad. “La sociedad ha empujado hacia el individualismo a ultranza y a la competitividad, pero ahora hay una demanda de más conexión. Aprender a compartir y a convivir es laborioso, pero si los 7.000 millones de personas tenemos un coche en la puerta, nos cargamos el planeta”, concluye Lluch.

Komunikabidea: Diario de Noticias

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