También el conde de Lerín en nuestro árbol genealógico

agramonteses-beamontesesSi hace unos días, Pedro Ripodas lograba introducir en nuestro árbol genealógico al mariscal Pedro de Navarra, que en representación agramontesa hincó su espada en el suelo de la ermita de San Román para simbolizar la paz, y reflejado en nuestro escudo, hoy le toca el turno al representante del otro bando, Luis de Beaumont, conde de Lerín. Pero ¿quién fue exactamente el conde de Lerín?


El rey de Navarra Carlos III el Noble, el mismo año de su muerte, crea el condado de Lerin para su hija natural Juana, casada un año antes con Luís II de Beaumont. En un primer momento, este condado estaba dotado con las pechas, derechos y jurisdicción mediana y baja, de Lerin, Eslava, Sesma, Sada y Cirauqui, antiguas tierras de realengo. El condado fue aumentado posteriormente con la incorporación de otros pueblos y villas, sin tener un consentimiento evidente el conde de Lerin, por parte de los reyes de Navarra.

A mediados del siglo XV, el reino de Navarra, al igual que el resto de estados europeos, vio como se incrementaba la disputa por los altos cargos entre su nobleza, concentrándose ésta en dos bandos irreconciliables, todo debido principalmente a una ambición desmedida por alcanzar mayores cotas de poder y aumentar considerablemente su patrimonio territorial.

Luís II de Beaumont, condestable de Navarra y conde de Lerin, fue la cabeza visible del bando beaumontés. En un primer momento se posicionó por Juan II de Navarra, pero rápidamente apoyaría al legítimo heredero del título de rey Navarra, su hijo el príncipe Carlos de Viana. Eso sí, seis años después de la muerte de la reina Blanca de Navarra y porque se produjo un nuevo matrimonio por parte del rey de Navarra, Juan II el Usurpador.

Armas de la Casa de Beaumont-Navarra

Armas de la Casa de Beaumont-Navarra

Su hijo, Luís III de Beaumont, II conde de Lerin, se nombra lugarteniente y capitán general del príncipe de Viana, lo que provoca que en el año 1450, sus posesiones y bienes sean embargados por orden del rey Juan II el Usurpador. Durante las disputas entre el príncipe de Viana y el rey de Navarra se produjeron innumerables desmanes por ambos bandos, siendo la población llana de Navarra la que más sufrió en todos los casos. Sus bienes acabaron en poder de su alter ego en el bando agramontés, Pierres de Peralta.

Tras la denominada tregua de Aoiz de 1479 entre agramonteses y beaumonteses, se permite al II conde de Lerin recuperar la mayor parte de sus pensiones y honores, incluso en Ultrapuertos. Pero la voracidad de Luís III de Beaumont no tenía límites y consigue también las fortalezas de Viana y Monjardín. Realiza la supuesta cesión de Artaxoa, que realmente era una posesión real a cambio de recibir la villa de San Martín y las tierras de Ujúe y de Sada. Además dispondría, como condestable de Navarra, de una compañía de 100 lanceros, pagados por el Estado, y no sería designado ningún lugarteniente en Navarra que no fuera del bando de Beaumont.

Para que la tregua fuera consolidada, se propuso el matrimonio de la hija del II conde de Lerin con un notable agramontés, el mariscal Felipe de Navarra. Felipe de Navarra cayó en una emboscada comandada por el propio Luís III de Beaumont y, al intentar huir, el mariscal de Navarra cae de su caballo a los pies del II conde de Lerin, al cual saludó cortésmente:

  • Ah señor primo, dios esté con usted“.

A lo que responde el II conde de Lerin y condestable de Navarra:

  • Y con usted y con Biana, Innoble caballero“.

Clavándole al mismo tiempo que pronunciaba esa frase la lanza que portaba hasta matarlo. Con este asesinato la tregua llegaba a su fin tras apenas seis meses de su inicio.

El II Conde de Lerín en un acto más simbólico que real, entrega las llaves de Iruñea al joven monarca Gastón Febo, que con su llegada a la capital de Reino Pirenaico para su coronación, logra apaciguar las ansias de violencia de ambos bandos. Por desgracia llegará el día en que un hijo suyo las vuelva a coger para entregárselas, esta vez, a un monarca extranjero. En la Catedral de Iruñea, se dieron cita durante la ceremonia de coronación todas las personalidades del reino vasco(n): Luxe, Agramont, Lerin, Beaumont, Ezpeleta, Domezain, Lacarra, Artieda, el nuevo mariscal de Navarra…

Tras la prematura muerte del joven monarca navarro, Luís III de Beaumont ofrece la corona de Navarra al rey de Aragón, Fernando II, a través de uno de sus tenientes, mientras que las cortes de Iruñea eligen como reina a Catalina de Foix. El II conde de Lerin se presenta ante Isabel de Castilla, exigiéndolo 200 lanzas y las villas de Biasteri y Los Arcos, una renta de medio millón y la orden de Santiago, a cambio de comprometerse a conseguir la mano de la joven princesa de Viana, Catalina, para el príncipe de Asturias.

Ante la imposibilidad de cumplir su palabra y como medio de represalia a los leales a la corona de Navarra, el II conde de Lerin ataca Gares, reanudándose de nuevo los enfrentamientos entre beaumonteses y agramonteses. Luís III de Beaumont no reconoce al nuevo virrey y muestra su desobediencia ante consejo real de Navarra, intentando imponer así, la elección del príncipe de Asturias para desposarse con la princesa de Viana, algo que es secundado por el resto de los hoscos beaumonteses.

Antes de su coronación como reyes de Navarra, Catalina de Foix y Juan de Albret, ante las presiones provenientes del incipiente reino de España, se ven obligados a alcanzar la paz con el II conde de Lerin. El acuerdo constaba de los siguientes puntos: Entregar al insaciable conde las villas de Zangotza y Viana, la de Artaxoa y dar el cargo de juez a su primo, Graciano de Beaumont. Además quedaba prohibida la entrada a los agramonteses en las villas beaumontesas, a excepción de Iruñea para la coronación y se prohibía el acceso al Reino Pirenaico a extranjeros, si éstos resultaban molestos para los reyes españoles.

No contento con ello, Luís III de Beaumont, con la única idea de una nueva humillación que realizar a los reyes de Navarra, el 21 de diciembre de 1494, ordena cerrar las puertas de Iruñea al séquito real. Pero los monarcas navarros hicieron una admirable lección de autodominio, ante la provocación del traidor beaumontés y se retiran al pueblo de Egües, donde pasaron un cruda navidad.

Tras realizarse la ceremonia de coronación, el pueblo navarro, que aguardaba a pesar del frío existente, la salida de los recientemente coronados Catalina y Juan, de la catedral de Santa Mª la Real de Iruñea, cantó unos coplas en busca de una reconciliación de los monarcas navarros y el huraño condestable de Navarra.

Labrit eta errege
Aita seme dirade
Kondestable jauna!
Arbizate anaie
.

El pueblo navarro creía que con los reyes en Iruñea sería posible un acuerdo con Luís III de Beaumont, Condestable del Reino y Conde de Lerin. Pero el impaciente e irritado condestable, cuñado del rey Fernando II de Aragón al estar casado con una hermana natural del rey español, se retiró, sin asistir a las celebraciones, a su feudo en Lerin.

En Lerin permaneció durante largo tiempo, dignándose sólo de vez en cuando a visitar a los reyes navarros, pero por lo general se dedicó a rumiar en voz baja, hasta que su bulimia de poder hace de nuevo acto de presencia, arrastrando al resto de beaumonteses y se reanudan los enfrentamientos, esta vez contra los reyes de Navarra, Catalina I de Foix y Juan III de Albret, que cuentan con el apoyo total de los agramonteses. Los castellanos incentivan la desfachatez del II conde de Lerin.

Fernando II de Aragón era bastante más maquiavélico que Luís III de Beaumont, y para controlarlo aceptó que éste fuera confinado en el reino de Castilla, aunque cómodamente instalado y otorgándole el marquesado de Huéscar. Los reyes de Navarra para entonces ya había reaccionado contra las pretensiones del beaumontés, quitándole el sello de caballero navarro, incautándole más de 1.000 ovejas para avituallamiento del ejército real y sus fortalezas fueron derruidas.

En el año 1500, ante nuevas presiones españolas, los reyes de Navarra tuvieron que restituir al II conde de Lerin sus posesiones el día de la coronación de Catalina I y Juan III. Tras una conferencia de Juan III de Navarra con los reyes católicos en Sevilla, en el año 1501, los monarcas navarros otorgaron el perdón total al II conde de Lerin y al resto de la cábala beaumontesa.

En el año 1506, Luís III de Beaumont vuelve a declarar la guerra a los monarcas navarros. Cesar Borgia, cuñado del rey de Navarra, es nombrado capitán general de los ejércitos de Navarra, con la misión de combatir al II conde de Lerin.

Tras recuperar Larraga, las tropas navarras persiguen a las del II conde de Lerin por Mendavia hasta Viana, donde en una emboscada el capitán general de los ejércitos de Navarra encuentra la muerte.

Tras esto la situación se agravó con gran rapidez en Navarra. El rey Juan III de Albret asola todas las tierras pertenecientes a Luís III de Beaumont, tomando la villa de Lerin, mandando arrasar sus casas, arrancar sus viñas y talar sus bosques y a continuación hizo lo mismo con las demás plazas y castillos, obligando con ello que el II conde de Lerin, tras perder todos sus bienes, abandone el territorio pirenaico y se refugie en España, donde reinaba Fernando.

Le acompañaban sus partidarios, parientes y agentes del bando beaumontés, entre ellos su hijo Luís IV de Beaumont. El conde de Lerín muere en Aragón, quebrado por la vejez, por el disgusto de verse despojado del título de condestable de Navarra, también de todos sus bienes, por la tristeza de la rendición del castillo de Viana y porque Larraga había restablecido su obediencia al rey de Navarra.

Era un 16 de noviembre de 1508, en Aranda de Jarque, a la edad de 70 años cuando fallece este diabólico hombrecillo, ambicioso, rabioso y testarudo, que sin ningún lugar a dudas, tuvo una gran responsabilidad en las posteriores desgracias que sobrevinieron al reino vasco(n).

El II conde de Lerin fue un hombre de pequeña estatura, aspecto atroz y dotado de una fuerza poco común para su tamaño, teniendo todas las cualidades necesarias para ser un soldado: arrojo, audacia e indomable empeño. Hombre duro, no conocía la piedad, torturaba a sus prisioneros, inmoral, sin escrúpulos, violando incluso la fe jurada.

De ambición insaciable, se llegó a sospechar que aspiraba a la corona de Navarra. Luís III de Beaumont no se detuvo ante el crimen para saciar sus ansias de venganza. Terminó sus días como un traidor a su país, a Navarra. El II conde de Lerin incluso se puso al frente de tropas castellanas que atacaban al Estado Pirenaico.

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