Emotivo Longidako Eguna

El pasado sábado 7 de junio se celebró en Ekai el Longidako Eguna. Este año la cita venía emotivamente muy cargada. El acto sobre el que se estructuraba el día festivo, fué un homenaje a las personas que, desde Burbia vinieron a trabajar y vivir al valle. Los de Longida y los de Burbia, mutuamente muy estimados, se cruzaron cartas de reconocimiento y agradecimiento, que el que esté interesado puede leer más abajo. Los actos comenzaron a las 10 de la mañana con una misa y acabaron con un concierto de rock, por entre medio pasó, un almuerzo, las actuaciones del grupo de danzas de Aoiz y de la agrupación folklorica «Os fillos de Breogan», el acto de reconocimiento, la comida, el concurso de fotografía y de relatos, la acordeón de Vicente Setoain y los juegos infantiles. Seguro que nadie olvidará esta gran fecha que a todos dejó satisfechos. Aquí teneis los ganadores de los concursos de fotos y relatos y las cartas que se cruzaron los dos pueblos hermanados.


CARTA DE LONGIDA

Eguerdion.

Como cada año nos hemos juntado vecinos y vecinas de Longida a celebrar el día de nuestro valle.

Algunas veces aprovechamos esta ocasión para festejar algo significativo, homenaje a personas mayores, defensa de nuestra tierra, reconocimiento al Urralongui, etc.

En estos días de crisis, falta de trabajo, insolidaridad, transito de personas de un lado al otro del mundo, nos ha parecido conveniente hacer un reconocimiento a todas las personas, que no hace tanto tiempo vinisteis de otros lugares a compartir vuestra vida con nosotros. Compartimos alegrías, llantos, luchas, trabajo, en definitiva compartimos vida.

Sin olvidar a nadie, que hemos tenido personas de Salamanca (Tere, José, Cesareo, José Mari, etc.) de Portugal, Andalucía, bosnios, argentinos, etc., justo es reconocer que hay una población que aunque sea solo por el nº de personas, nos ha aportado un gran valor añadido a nuestra zona. Esa población sin duda es Burbia, un bello pueblo en los Ancares de León.

Seguro que con un par de copas saldrán muchos de los recuerdos vividos, ¿pero qué niño no estaba orgulloso de la cabaña de olvido en el alto de un fresno? ¿quién no comió las ricas sardinas de Celestino? ¿quién no hizo rabiar al gallego con las vagonetas? ¿quién no disfrutó con el genial fútbol de la Cultural? ó ¿a quién no se le hicieron los ojos txiribitas con la llegada de algún o alguna moza de muy buen ver?

Fue una época que la recordamos con cariño, el trabajo era duro, la vida no era fácil, pero la amistad, el tesón y la concordia fueron fundamentales para hacer prosperar nuestra zona.

Por circunstancias muchos os quedasteis y somos pueblo, otros volvisteis a vuestra querida tierra y por desgracia algunos nos dejaron para siempre, desde cada rincón de nuestro valle.

Un recuerdo para todos ellos.

Los que tenemos la suerte de ir de vez en cuando por Burbia, bajar por la cuesta de “Do couso” es como bajar la de Villaveta, es como llegar a nuestro pueblo, el trato de la gente, la acogida, el cariño que se siente es el mismo que cuando vuelves a tu casa después de una larga temporada fuera. Gracias por todo ello.

Para terminar solo dos cosas:

Perdón si alguna vez no supimos estar a la altura en nuestra convivencia y gracias por todo lo que hicisteis por mejorar la vida de esta zona.  Eskerrik asko.

Y todo esto fue posible, en gran parte, por una pareja que fue pionera, Asunción, que ya nos ha dejado y Eliseo a quien hoy, en representación de todos vosotros y vosotras queremos ofrecer este pequeño homenaje.

Un fuerte aplauso para Eliseo Rellán Abella.


CARTA DE LOS FAMILIARES DE ELISEO RELLÁN

Buenos días a todos:

Hoy es un día de fiesta para este valle de Longida, pero también es un día de homenaje y agradecimiento.

Hace más de cincuenta años comenzó una unión entre pueblos y personas, que ni el tiempo ni la distancia ha podido separar.

Hombres y mujeres que un día tomaron la decisión de tomar un nuevo futuro, dejando atrás su casa, su familia.

Hoy los hacemos presentes a todos ellos, en la persona de Eliseo, que junto con Asunción fueron los primeros en llegar hasta aquí y quedarse.

Y como he dicho antes también es el día de dar las gracias.

Gracias Longida, Gracias Ekai.

Pequeño pueblo con gentes de gran corazón, que recibieron a todos aquellos jóvenes burbianos con los brazos abiertos y consiguieron hacerles sentirse como en casa.

Y no quiero terminar, sin tener un recuerdo muy especial a todos los que un día nos dejaron y no pueden participar en esta fiesta.

GRACIAS.


CARTA DE AGRADECIMIENTO  DE UN VECINO DE BURBIA

Salimos de la entrañas del Bierzo, de Burbia, un pueblo asentado en el valle del río que le da nombre, vigilados por montañas de inigualable belleza y rodeados de sotos de castaños milenarios.

Salimos por que nos empujaba la necesidad, las ganas de futuro, guardando hábitos, miedos y con la incertidumbre de lo que nos depararía el nuevo rumbo.

Casi seiscientos kilómetros nos separaban de nuestro destino y cada uno de ellos que pasábamos, marcaba el alma con la “saudade” de nuestro terruño.

Llegamos a tierras Navarras, donde el río Iratí hacía las veces del río Burbia, donde el viento del norte traía el frío sano también compartido con el leones y el paisaje forestal rememoraba la agreste campiña de los Ancares.

Llegamos a Longida-Ekai, donde su gente noble, amable, sincera y generosa nos acogió como compañeros, luego amigos, y nos hicimos hermanos.

El trabajo y el clima nos curtía la piel, pero la gente nos curtió y arrebató el corazón que entregamos sin reparos.

Al aserradero en Ekai, llegaban los árboles talados en los montes para que en el complejo industrial, cobraran vida maderas, tableros, carbón vegetal, alquitrán y alcohol de quemar.

De igual modo desde Burbia llegamos paisanos aderezados en los montes, para que en Longida, cobrara vida la amistad, la solidaridad, el compañerismo y hasta casorios.

Muchos vivimos dentro de la empresa y aprovechábamos los festivos para hacer escarceos en los pueblos cercanos, buscando fiesta y pelear hembras, hasta que alguna nos robó para siempre el corazón.

Pero como en todas las cosas en la vida, siempre existen personas especiales que lideran un proyecto con el objetivo de buscar la alegría y felicidad de la gente. Es el caso que nos ocupa, la población de Longida se ha partido el alma para organizar y coordinar el encuentro en Ekai con los compatriotas de Burbia.

Nos hemos congregado casi doscientas personas, 60 de ellas procedentes de Burbia, donde el Ayuntamieno de Longida nos ha agasajado con los mejores manjares, amenizado con gaiteros, txistularis y danzaris, en franca comunión entre los dos pueblos.

Merece mención a parte la placa conmemorativa y los recuerdos entregados a D. Eliseo Rellán, nacido hace 92 años y que fue el primer Burbiano que emigró a Ekai y es considerado el precursor del hermanamiento.

En nuestro recuerdo permanecerán siempre aquellos que nos han dejado y con los que hemos compartido parte de nuestras vidas.

Para acabar expresar mi gratitud a todos los participantes y los que han hecho posible que vuelvan a aflorar un sinfín de sentimientos de diversidad, mestizaje, solidaridad, cariño, afecto, amistad, armonÍa, muchas risas y alguna que otra lágrima de felicidad. Ahora comprendo porque en el escudo de Longida luce un corazón.

Cesar López


CONCURSO DE FOTOGRAFÍA

Los ganadores fueron.

Fotografía:

  1. Premio Atardecer en la era de Purificación Indurain Arizcuren
  2. Premio Reflejos del Irati de Arantza Cigüela
  3. Premio Colgando del Alambre de Arantza Cigüela

CONCURSO DE RELATOS

CORAZON DE ORO

Los aullidos de los perros en el bosque en pos de su presa le eran más agradables a sus oídos. Su esposa llevaba varias horas de parto y los gritos de sufrimiento de la futura madre eran demasiado para él. Pero ya era hora de regresar, solo esperaba que el fruto de su matrimonio fuera un varón que perpetuase su linaje. Hoy debía nacer el futuro Señor de Larrangoz. Al acercase el grupo al rio un mensajero a pie se acercaba a su encuentro moviendo los brazos para llamar su atención -Dos varones mi Señor- gritaba- Su Señora esposa ha traído al mundo dos varones como dos gotas de agua, con el pelo negro y los miembros fuertes como su padre. Su Señora…. Con eso le bastaba. Picó espuelas para poner su montura al galope y con una sonrisa en unos labios desacostumbrados a tales menesteres, decidió que bien podía celebrar semejante noticia con una buena jarra de vino fuerte. Los niños que en la cuna eran tan difíciles de distinguir tardaron poco tiempo en mostrarse bien diferentes. Si bien Martin fue el primero en asomar la cabeza a este mundo, era su hermano Iñigo el que le tomaba la delantera en todo. En sus primeros meses de vida el ojito derecho de su padre tenía dominado a su hermano, a su madre y a todo el servicio del palacio. Su llanto era tan fuerte que podían oírle en todo el valle. Nadie podía negarle nada sin que berreara como si estuviesen arrancándole la piel. Martin callaba, si por algún motivo abría la boca su hermano protestaba más alto, así que decidió guardar silencio. A los seis años Iñigo ya era un experto jinete, manejaba el arco y soñaba con salir de caza con los hombres. Martin era el que llevaba en su piel todos los moratones. Eso de jugar a los soldados no era lo que más le gustaba y su hermano disfrutaba torturándolo con las espadas de madera. -¿Cómo puedes estar segura que no te equivocaste con el cordón que llevaban en el dedo?, alguien debió cambiarlos en algún momento.-Una madre…- Sandeces mujer, mi primogénito es Iñigo y no hay más que hablar. Con dieciséis años cumplidos se habían convertido en dos buenos mozos. Cualquiera podía confundirlos a simple vista, altos, fuertes y bien parecidos. Ambos fueron instruidos en las armas y dominaban con soltura arco, lanza y espada como correspondía a todo hijo de un Señor, pero mientras uno soñaba con entrar en batalla, el otro se esforzaba por dominar la administración de las propiedades de la familia. Algo mucho más útil en tiempos de paz. Tenía controlado cada grano que entraba en el granero y cada ternero que nacía. Conocía por su nombre a cada miembro de cada familia, hasta las más humildes que estaban a su servicio. Todos lo apreciaban mientras que a su hermano todos lo temían. -¿De que te va servir conocer todas esas letras hermanito?, eso son cosas de clérigos, quizás deberías de ingresar en alguna orden mula mansa. De nada te servirán tus plumas de ganso cuando el rey te reclame para su guerra. Y levanta ese escudo si no quieres que te reviente con mi maza.- Se burlaba su hermano. Había empezado la primavera y todo el valle se acercó a la ermita de Santa Colomba. Señores y vasallos caminaban en romería a rendir culto a la Santa. Unos aprovechaban la ocasión para ver a familiares de otros pueblos y otros para sellar pactos con sus casas vecinas . Se montaron carpas para la celebración de la fiesta de los señores mientras que el populacho se cobijaba del sol a la sombra de los árboles. Mientras desfilaban los corderos asados, las perdices en escabeche y demás viandas señoriales, los señores de Ayanz y Larrangoz acordaban casamientos entre trago y trago de fuerte vino. Desde que nació la pequeña Blanca se decidió que era una gran ocasión para unir dos grandes casas. A sus catorce años recién cumplidos la pequeña Blanca de Ayanz estaba secretamente enamorada de Martin de Larrangoz si bien a este le resultaba mucho más difícil disimularlo. Iñigo recibió la feliz noticia secretamente a través de su orgulloso padre antes de hacerse el anuncio oficial, y ebrio de alegría y sobre todo de vino, se acercó sigiloso a susurrarle algo al oído a la niña que se encontraba con sus doncellas alejada del bullicio de la fiesta. Martin lo seguía tenso con la mirada que hasta entonces no se había apartado de la pequeña Blanca. Su rostro se congestionó de rabia cuando vio que el aliento de su hermano se acercaba al oído adolescente de su amada y su mano iba a parar furtivamente al trasero de la que debería haber sido su prometida. El primer golpe, terrible solo fue comparable al grito de terror de la muchacha. Repuesto de la sorpresa Iñigo se levantó del suelo y se abalanzó contra su hermano. Volaron puñetazos, patadas, mesas y sillas. Quien conociera a Martin jamás pensó que lo vería pelear de esa manera. Iñigo echo mano al cinto pero la daga no estaba donde todos los días ya que las armas estaban prohibidas en la fiesta. Por fin consiguieron separarlos. -¡Jamás!. ¿Has oído bien?….¡Jamás será tuya mula mansa!…¡Antes de que llegue el invierno será mi mujer!. ¿Te crees que no veo como la miras siempre?, pues ya puedes ir olvidándolo hermanito.- Iñigo gritaba como un loco mientras se reía a carcajadas intentando disimular su dolor por los golpes que nunca habría esperado de su hermano.-¡Será mi futura señora de Larrangoz y Ayanz!. ¡Y yo tu señor!. Martin guardo silencio, se dio media vuelta y se marchó. Pero la tormenta no había pasado todavía. Cuando lo encontraron ya de noche a la orilla del rio lo llevaron a casa ante su padre. -¡Te marchas!, ¡Desaparecerás de mi vista!. El rey agradecerá que le envíe a un muchacho como tu aunque sea para limpiarle el culo a su caballo, pero te alejaras de mi vista. Lo que has hecho hoy delante de todo el valle jamás podre perdonártelo. Has traído la vergüenza a esta casa y ni sueñes con portar mis armas. Nunca colgaras mi escudo en tu caballo. Y ahora,..¡Fuera de mi casa!. Martin miró a su madre que lloraba en silencio con la vista clavada en el suelo.-Adiós madre. Y se fue. -¡A las armas!. Mientras un hijo salía por la cuadra un mensajero descabalgaba y entraba por la puerta a voz en grito.-¿Qué son esos gritos?.-¡ La guerra mi señor!.¡ Su majestad os reclama para la guerra, a vos como a todos los señores, y a vuestros dos hijos para defender Navarra del enemigo!.-Solo me queda un hijo.- Sea mi señor, pero debemos partir hacia Pamplona cundo despunte el alba. -¡Guerra!. Todos gritaron a pleno pulmón mientras el miedo se iba haciendo un hueco en sus estómagos. Martin se encamino hacia Pamplona con una bolsa con algo de comida que furtivamente le había dado la cocinera, una espada vieja que había sustraído para él el herrero y un viejo mulo que le proporcionó el mozo de las cuadras.-No os preocupéis, lo darán por muerto le dijo. Al pasar por el camino junto a Ayanz miró hacia la oscura torre donde había más jaleo del acostumbrado. Se acercó a escondidas pero alguien lo descubrió. Por fortuna el encargado del granero de sus vecinos era buen amigo suyo. –¡Señor Martin!, ¿Qué ha pasado?.-No me llames Señor, el que era mi padre me ha echado de la que era mi casa. Como ves mi escudo es solamente una tabla. Tengo que verla Juan, no puedo irme sin volver a verla.- ¡Pero esto esta atestado de gente!. Todos andan como locos desde que ha llegado el mensajero del rey. ¿Sabes que su majestad reclama a sus señores para la guerra?.-Si lo sé, entraba a voz en grito en Larrangoz cuando yo me marchaba. También voy hacia Pamplona, todas espadas serán pocas y además no tengo otro sitio a donde ir. Pero antes, tengo que verla.-Esta bien mi Señor.- No me llames así ya no lo soy.- No, para mí siempre serás mi Señor, venga por aquí escóndase tras el huerto. Intentare hablar con mi hija, seguro que está cerca de la señora Blanca. La espera se le hizo eterna. Acudían a su mente cientos de palabras para despedirse pero no sabía cuáles de ellas elegir. Por fin alguien apareció detrás del muro. -Martin. –susurró una voz. Y el corazón de Martin se desbocó.-Aquí mi Señora, estoy aquí.- Y se abrazaron tan fuerte que creían que jamás podrían separarlos.- ¿Que va a ser de nosotros Martin?. ¿Qué voy a hacer yo si tú no estás?. ¿Por qué esta desdicha?. Os amo Martin, os amo por vuestra valentía, os amo por vuestra dulzura, ¿Quién no podría amaros si tenéis un corazón de oro en el pecho?.-Y yo os amo Blanca, os amo desde que erais apenas una niña, os amo por vuestra sonrisa, por vuestra alegría, os amo desde que vi por primera vez vuestros ojos azules que siempre recordaré cuando mire el cielo pero hoy es día de despedidas en todas las casas y tengo que deciros adiós.- ¡No Martin, no!.-¿Quién anda ahí?.-¡Adiós!.- y se marchó. Y a los ojos de ambos acudió el llanto y pensaron que jamás dejarían de llorar. Otros muchos también dijeron adiós y Navarra entró en guerra. Y la guerra que para unos se estaba haciendo demasiado larga para otros fue demasiado corta y a muchas casas llegaron noticias de muerte. Muchas madres lloraban a sus hijos, muchas hijas lloraban a sus padres. A otras casas también llegaban noticias de victoria y otras seguían esperándolas con el corazón en un puño, con esperanzas demasiado tiempo esperadas. En Larrangoz estaban reunidas varias señoras. Habían cogido el hábito de hacerse compañía. Soportaban mejor juntas el dolor por los que habían ido a pelear y podían compartir sus dificultades en tiempos de guerra para la administración de sus dominios. Seguían siendo las señoras de sus casas y para todos los trabajos faltaban manos. Blanca y su madre también se encontraban allí. La muchacha no era ni sombra de la niña alegre que sonreía a todo el mundo apenas un año antes. Su padre había vuelto a casa. Era uno de los afortunados aunque él se encargara de repetir que no podría vivir así, lisiado con el brazo cortado por debajo del codo. Del Señor de Larrangoz y de sus hijos no se sabía nada desde hace meses. Por encima de sus cabezas en lo alto de la torre, entre las almenas alguien grito: -¡Un caballero!,¡ Se acerca un caballero!.-Todas se levantaron de golpe.-No se distinguen sus armas. Puede ser un mensajero. Creo que el escudo es azul. Ya había cruzado el rio y subía la cuesta con la visera del yelmo bajada. El caballero no era ningún desconocido y las armas que llevaba las portaba por derecho. El mismo rey le había concedido elegirlas. El que había salido de esa casa como un mendigo volvía como señor y en su escudo sobre un campo azul, brillaba un corazón de oro. Nadie más regresó. Nadie más lloro de pena. FIN.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.