Agoizkos en la histórica cadena humana por el derecho a decidir

La imagen del helicóptero que recorrió los 123 kilómetros durante la media hora no dejaba dudas. Objetivo cumplido, reto superado con creces. Decenas de miles de personas, un número imposible de medir con exactitud aunque cifrado por la organización en más de 150.000, unieron sus manos entre Durango e Iruñea para simbolizar con ello que también cogen el futuro en sus manos. Pero las palabras escritas, e incluso la cantidad de imágenes que aparezcan en las páginas sucesivas, se quedan cortas para plasmar el caudal de emociones desatadas al mediodía de este 8 de junio de 2014.

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«Gure esku dago» era una de las frases más repetidas por los participantes, una constatación de que la iniciativa presentada hace ahora un año ha acertado hasta en el nombre. También predominaba la sensación de «yo estuve allí», de participar en un evento histórico pero que al mismo tiempo no es final de nada, sino principio de todo.

La canción de la iniciativa habla de «gente feliz en un pueblo libre» y la primera parte se hizo realidad ayer. A las 12.15, Anjel Oiarbide, uno de los portavoces de Gure Esku Dago, confesaba en Info7 Irratia que había vivido los momentos previos con una calma absoluta y que estaba gozando el resultado «con todos los sentidos». «Esto es pura ilusión, y sale de todos nosotros, esta vez no tenemos que buscar fuera motivos para ilusionarnos», apuntaba.

Hubo tantas formas de participar como personas. Muchos se sumaron en familia, otros en cuadrilla, y no pocos acudieron solos pero enseguida encontraron manos a las que agarrarse. La organización quiso plasmar esta pluralidad en los dos extremos de la cadena. En Durango, entre otros miles, participaron Iñaki Gorritxategi, 83 años, «niño de la guerra», o Maribi Estankona, 71, fundadora de la ikastola del pueblo, junto a Peru Arrasate, 20 años, estudiante de Periodismo, o Izar Zubiaga, de 7, alumno de ikastola. En Iruñea, Libe Urroz, 71 años, iruindarra de Caracas, donde su aita se exilió tras la guerra; Amaia Arrieta, 46, erdaldun y desempleada; Eva Molina, 38, catalana que vive en Iruñea; Yuseef, inmigrante de origen africano cuyos hijos estudian en modelo D; y Goizane, Saigots, Fernando, Lenin, Marcela, Xabier, Idoia, Patxi, Susana…

Ciudadanos y ciudadanas todos, incluidos cargos políticos sin mayor protagonismo esta vez como Andoni Ortuzar (PNV), Hasier Arraiz (Sortu), el exlehendakari Carlos Garaikoetxea, Joan Tardá (ERC)… También vascos que han pasado muchos años de cárcel, como Mertxe Galdos y Jose Ramón Martínez de Lafuente, que explicaban en Ezkio-Itsaso que estaban allí por la autodeterminación.

A pie de calle, la cadena iba y venía, formaba olas que reflejaban la alegría general. Desde el aire, nuevas imágenes que no se apreciaban desde tierra, grandes mensajes recortados en la hierba o pintados sobre el asfalto: ‘‘Basques decide’’, ‘‘Gure eskubidea’’, ‘‘Euskaraz bizi nahi dugu’’…

Impresiones ciudadanas en total sintonía con las del mensaje principal lanzado por Gure Esku Dago en los actos celebrados a las 14.00. «Más que una dinámica, somos una actitud, la actitud que toma la ciudadanía ante su futuro. La actitud de unas personas que toman conciencia de que el futuro está en sus manos».

¿Y ahora qué? La iniciativa, muy reforzada tras este éxito, dio algún apunte: «Para que las manos que hoy se unen en esta cadena mañana puedan decidir, debemos incidir en este camino. Es momento de difundir esta confianza y este trabajo en común a cada rincón de este pueblo. Porque esa será la clave para lograr que la decisión sea legítima y para que lo legítimo sea realidad».

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