Antigua fábrica de papel. Siglos XVIII-XIX

La existencia de un gran edificio en los arrabales de la Villa de Aoiz, a la que se denominaba y aún hoy día se denomina “La Papelera”, situada a orillas del río Irati y próxima a la conocida huerta de Reparacea, nos ha llevado muchas veces a querer desentrañar la historia de este enorme edificio, hoy día en estado de ruina total.

En nuestros recuerdos de juventud, años 50 del siglo XX, hemos conocido que “La Papelera” albergaba a una gran familia de apellido Salvador, llegados a la Villa de Aoiz con otros grandes trabajadores, los admirados “Valencianos”, llamados por su origen, hoy día Comunidad de Valencia.

Estos magníficos trabajadores, llegaron a la Villa de Aoiz contratados por la empresa “El Irati S.A.”, para entre otras labores, controlar la llegada de madera hasta las proximidades del Aserradero, que trasladaba el río Irati en las famosas “pantanadas”, al soltar agua y madera desde el pantano de Irabia.

Muchos de estos trabajadores se albergaron durante algún tiempo en dicho caserón, antes de formar familias con habitantes de la Villa, o traer de su tierra al resto de la familia, para más tarde residir en viviendas de la Villa de Aoiz.

Hemos conocido esta utilidad de “La Papelera” en los tiempos señalados, pero nuestro deseo era conocer su historia anterior, dentro del contexto de la propia historia de la Villa.

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El estudio de la importancia que tuvieron los gremios en la incipiente creación de industria en los siglos XVIII-XIX, e incluso en años anteriores en Aoiz, nos ha facilitado una amplia información sobre el funcionamiento de una Fabrica de Papel, ubicada en el denominado edificio de “La Papelera”.

Esto justificaría totalmente la denominación con la que hoy día conocemos a este edificio, totalmente en ruinas, que en su días pretéritos constituyó un nuevo hito en la incipiente industrialización de Aoiz en siglos pasados.

Antes de referirnos a la propia historia de la Fabrica de Papel de la Villa de Aoiz, vamos a constatar la importancia del papel, como medio imprescindible a partir del siglos XVI-XVII en la Administración de Consejos, Audiencias, Consulados, Escribanías, Instituciones Eclesiásticas, así como en Imprentas y Librerías, cuya abundancia o carencia, determinaba la declinación o prosperidad del negocio de Impresores y Libreros.

Es también un medio indispensable en las relaciones administrativas de la vida privada, ya que toda persona se ve forzosamente abocada a utilizar el papel para cualquier tipo de gestión o trato con la administración. El poder de la palabra escrita era muy grande, por que estaba relacionada con el legalismo formal, que es característico de aquella época.

La necesidad de ingentes cantidades de papel sorprende, a una industria artesanal y anquilosada en el pasado, que no estaba preparada para dar una respuesta a estas necesidades. Por ello a partir del siglo XVII, hay una continua referencia a la escasez y falta de papel de calidad, y por tanto la necesidad de que el Estado, y sus diferentes territorios, establezcan una política encaminada a la implantación de nuevos molinos papeleros y la mejora de los existentes.

Por otra parte, la técnica de fabricación del papel, permanece prácticamente inalterable hasta el siglo XVIII. Otro inconveniente en la fabricación del papel en España fue, la gran competencia del papel fabricado en Francia e Italia. Aunque debemos suponer que, dada la dificultad del control de la frontera terrestre a través de los Pirineos, el contrabando para evitar el pago de impuestos fue altísimo, lo que se constata por la gran presencia de papel de origen francés en el norte de España, sobre todo en Navarra, que no se refleja en los movimientos aduaneros.

A pesar de la competencia italiana y francesa, en este período en España se elaboró mucho papel no solo por fabricantes autóctonos, sino por artífices italianos y franceses, que se trasladaron a España, llamados por la facilidad de comercializar sus productos, y las dificultades económicas de su lugar de origen. Analizando estos años comprobamos, que en la primera mitad del siglo XVII, se inicia una leve recuperación de esta industria, que va creciendo paulatinamente, llegando a su esplendor en los siglos XVIII y XIX.

Después de lo expuesto con anterioridad, se tiene constancia del fomento de la creación de Molinos y Fábricas de Papel en varias poblaciones de Navarra, y entre ellas, la que se instaló en la Villa de Aoiz a orillas del río Irati. La documentación referente a dicha instalación fabril es muy numerosa y detallada con la posibilidad de transcribir especialmente protocolos notariales, también procesos judiciales, que se conservan en el Archivo General de Navarra.

En primer lugar y de forma resumida daremos algunas ideas generales del proceso de fabricación del papel, que como hemos indicado con anterioridad, se mantuvo sin cambios hasta finales del siglo XVIII.

El método tradicional, ha sido una labor manual lenta y costosa, que los musulmanes instalados en el sur de España, ya llevaban a cabo a finales del siglo X o principios del XI, utilizando técnicas originarias de China y con materia prima principalmente paja, cáñamo y lino. Posteriormente comenzaron a usar trapos y restos de tejidos de algodón y lino.

El proceso comenzaba con la clasificación manual de los trapos, según calidades, destinándose cada una de ellos para obtener distintos tipos de producto final, siendo sobre todo las mujeres las que realizaban este trabajo. Tras depositarlo en un “pilón” o “pudridero”, añadiendo agua se les dejaba fermentar durante cinco o seis semanas, hasta que una temperatura que se decía, “queme al meter la mano”.

Tras esta operación, que producía malos olores, los trapos se troceaban a mano y seguidamente se vertían en una “pila” con agua en la que se machacaban y trituraban hasta reducirlos a una fina pasta o pulpa. Este proceso de trituración, que inicialmente se realizaba manualmente, era muy penoso, y hacia el siglo XII ce mecanizó con los molinos papeleros movidos por energía hidráulica, desmenuzándose los trapos con grandes martillos o mazas de madera.

Una rueda movida por el agua desviada de un río, hacia girar un eje en el que estaban incrustados unos salientes o levas que al girar tropezaban con el extremo de los mazos de madera elevándolos y dejándolos caer seguidamente dentro de la “pila”. Los mazos eran de diversos tipos para deshilachar, refinar y homogeneizar. La operación de trituración en las tres etapas duraba hasta treinta y seis horas, (dependiendo del grado de finura de la pulpa que se quería conseguir) en los que de forma continúa los trapos eran golpeados por los mazos.

Terminada la operación anterior la pasta se pasaba a otras tinas, en las que se diluía con agua, hasta tomar un aspecto lechoso y se añadían diversos productos, colas y almidón (para dar apresto al papel) y colorantes en su caso. El artesano papelero debía cuidar el porcentaje de dilución da la pasta en agua, pues esta característica era determinante para conseguir la calidad y el tipo de papel deseado.

Una vez obtenida la pasta, la forma de convertirla en láminas era muy simple, llevando a cabo la operación a mano y el papel se obtenía hoja por hoja. El trabajador utilizando las dos manos, introducía en la pila un molde rectangular, la denominada “forma” o “bruma” compuesto por un marco de madera con una fina malla de alambres, y lo llenaba de pasta diluida y seguidamente lo sacaba, dejando que el agua escurriera entre los orificios de la malla metálica, quedando retenidas las fibras de los tejidos deshilachados y molidos. Seguía el proceso moviendo el trabajador con presteza el molde en dos direcciones con lo que las fibras se entrecruzaban y trababan entre si, dando lugar a un material nuevo, la lámina de papel empapada de agua. Una vez realizada esta operación, pasaba la forma o marco a otro operario, quien volteaba el marco sobre un trozo de paño o fieltro, de forma que se desprendía la lámina de papel que quedaba sobre el tejido y devolvía la “forma” al otro operario.

El espesor de la lámina, que da lugar a un mayor o menor gramaje del papel obtenido, dependía de la altura del marco o molde de madera, y se conseguía añadiendo otro marco postizo al inicial.

Los dos operarios repetían continuamente la labor y las láminas se iban apilando unas sobre otras intercalándose entre ellas una capa de fieltro o “bayeta”, hasta formar una “posta” (250 ó 261 hojas).

Seguidamente se llevaba la pila a una gran prensa de tornillo, construida con fuertes maderos, similar a los usados para prensar manzanas o uvas.

En ellas se le sometía a una gran presión con lo que las láminas de pasta perdían gran parte del agua que aún contenían. A continuación otro operario separaba a mano las hojas de papel ya formadas, que los operarios generalmente mujeres colgaban para su secado en lo alto del local o en un lugar preparado para esta finalidad. La época del año más apropiada el invierno, cuando el papel al helarse se obtenía con una blancura superior. Con la manipulación y el empaquetado también parte del proceso, se disponían las denominadas resmas, para sus diversas utilizaciones.

La documentación examinada sobre el funcionamiento de la Fábrica de Papel de la Villa de Aoiz, engloba los años 1779 y 1862, y pertenecen a los despachos de varios notarios que ejercieron su profesión en Aoiz. En este periodo de tiempo, la mayor parte de los contratos de arrendamiento de esta industria se realizaron en estos despachos.

La actividad desarrollada en la fabricación de papel, estaba condicionada a que su dueño iniciara sus actividades mediante explotación propia o por mediación de contratos de arrendación. Fue este último procedimiento el que se contempla en toda la amplia documentación examinada.

En un documento de fecha 7 de octubre del año 1791 del notario de la villa de Aoiz, D. Carlos de Iturralde, se refleja la escritura de arriendo de la Fábrica de Papel de esta Villa, otorgada por Vicente Ragueta y su mujer a favor del Sr. D. Josef Manuel de Guirior.

En este documento compuesto, aparece en primer lugar el inventario de los elementos que contiene la citada fábrica; en otro detallado documento se especifica la propia escritura de arriendo, con las condiciones inherentes al mismo.

La transcripción del original pormenoriza: “Inventario que de orden del Sr. D. Josef Manuel de Guirior vecino de esta Villa, se hace de todo lo que se halla en su Fábrica de Papel, para entregar a Vicente Ragueta y su mujer, arrendadores de la misma y son de la forma siguiente”.

A continuación se detallan una serie de elementos esenciales que componen las instalaciones de la citada fábrica por conjuntos, con las características de cada uno de ellos. El documento es extenso, por lo que solo transcribimos los citados conjuntos:

  1. “Molino primero que mira hacia la huerta”
  2. “Molino segundo, que mira hacia Aos”
  3. “Tina con fogón y cuba de la pasta del papel”
  4. “Cuarto de encolar”
  5. “Cuarto del trapo o pudridero”
  6. “Secadero, con perchas y cuerdas”
  7. “Sala principal, para componer el papel”
  8. “Cocina, con sus utensilios y despensa”
  9. “Cuartos de residencia”
  10. “Conjunto de bayetas”

Estas instalaciones aparecen en todos los contratos que se establecen entre arrendador y el arrendado, aunque conforme pasan loa años, van apareciendo nuevos componentes en el inventario, que actualizan y mejoran los procesos de fabricación del papel.

A continuación transcribimos de forma resumida la propia escritura de arriendo: “ En la Villa de Aoiz a siete de octubre de mil setecientos noventa y uno, ante mi el escribano Real y testigos abajo nombrados parecieron presentes de la una parte el Sr. Don Josef Manuel de Guirior vecino de esta Villa, señor del lugar de Villanueva de Lónguida, de la mitad de Zariquieta, de las pechas de Tabar y de los Palacios de Cabo de Armería de Imarcoain y Jandoain, y de la otra Vicente Ragueta y Dominica Loyola su mujer, y precedente la licencia ordinaria que esta obtuvo, dijeron de conformidad se hallan convenidos y concertados como en efecto se convienen y conforman, en que dicho Sr. Guirior como dueño de una Fábrica y Molinos de Papel sito en la proximidad de esta dicha Villa, al río Irati y Soto que llaman el Membral de Legarrea, les da en arrendación con sus jarcias y demás adherentes que resulta del inventario que antecede a dichos Ragueta y su mujer, por tiempo y cantidad de arriendo y condiciones del tenor siguiente”.

Después de esta primera parte del contrato se inscriben los condicionantes un total de seis condiciones para el arriendo que expresan:

  1. “Primeramente que dicha arrendación se haya de entender por tiempo y espacio de seis años, que darán principio en el mes de marzo del que primero viene de noventa y dos, que es cuando concluye la anterior escritura y finalizarán en igual mes del de mil setecientos noventa y ocho”.
  2. “Iten que en cada uno de los seis años hayan de pagar al final de cada uno de ellos la cantidad de dos mil trescientos cincuenta Reales de a treinta y seis Maravedís moneda de este Reino, sin que por ningún motivo de obras mayores ni reparos de ajustes, tenga que descontarles ni tomarles dicho Sr. Guirior en cuenta, sino que se le deben satisfacer íntegros dichos dos mil trescientos y cincuenta Reales, bien entendido que si ocurriese en Cortes Generales o por resolución de S. M., un establecimiento de Aduanas en el Pirineo, en ese caso hayan de volver a conformar los arrendados con dicho Sr. Guirior, sobre el mayor aumento de renta, que deberán pagar por esta razón además de la cantidad pactada, por los años que restasen al cumplimiento de esta escritura, desde que se verificase dicho establecimiento de Aduanas.

Las restantes condiciones de forma resumida, dan a conocer lo siguiente: la tercera hace referencia al disfrute por parte del arrendador y su mujer, “de la Fábrica de Papel, de todas las habitaciones y almacenes, dándoles el destino que les conviniere, a menos que no sea en perjuicio de dicho Sr. Guirior, quien se reserva el derecho al agua que saca la noria de la acequia para el riego de su huerta, sin que por esta causa deba hacerse descuento de la renta”.

La cuarta, que al final del contrato, “sean entregadas todos los ajuares y efectos que se relacionan en el inventario, en las mismas condiciones que se recibieron”.

La quinta, “que si ocurriese alguna obra por causa de rotura de la presa, paredes de la Fábrica o rotura de molinos, se entiende haya de ser por cuenta del Sr. Guirior, y la rehabilitación de pilas, prensas, mazos, la limpieza de la acequia y otras relativas al trabajo y manufactura del papel, serán por cuenta del arrendador”.

En la última se especifica,”que en caso de que por rompimiento de la presa faltare el agua, y por consiguiente quedase la fábrica parada, sin poder trabajar en ella, se deberá descontar de la renta por el Sr. Guirior, lo que corresponda al tiempo, que por dicha causa no se pudiera trabajar.

Como final del contrato, se especifican las responsabilidades que se determinan para el cumplimiento del mismo, que lo someten a la jurisdicción de jueces y Justicia de este Reino. “Siendo testigos, Pedro Fermín Lasa, vecino de esta Villa y Gregorio Lapiedra, residente en ella y firmaron, y en fe de ello de que a todos conozco, yo el escribano”.

Aparecen las firmas de José Manuel Guirior, Vicente Ragueta, Dominica Loyola, Pedro Fermín de Lasa, Gregorio Lapiedra. Anta mi Carlos de Iturralde, escribano.

Con todo lo expresado en este trabajo, creemos que hemos dado una visión interesante del funcionamiento de la Fábrica de Papel de la Villa de Aoiz. Se dispone en el Archivo General de Navarra para futuros estudios, de una amplia documentación sobre esta factoría y de los productos fabricados.

Creemos que la puesta en funcionamiento de la Fábrica y Molinos de Papel, supuso el comienzo de la incipiente industrialización de nuestra Villa, que fue pionera en la zona durante los siglos XVIII y XIX, que posteriormente se completaría con la creación de la Sociedad “El Irati S. A.” y la diversificación de sus actividades.