Del Aquarius a Aoiz: la vida tras el rescate

Komunikabidea: Diario de Noticias

Seis jóvenes nigerianos llegaron a Aoiz hace un año tras ser rescatados por el ‘Aquarius’ y vivir una odisea para cruzar África. Ahora, están felices en el pueblo, pero confiesan que de saber por lo que iban a pasar, no habrían emprendido el viaje.

Los seis jóvenes nigerianos posan en la entrada de la Casa de Cultura de Aoiz

No sabían a dónde iban y tampoco si lograrían llegar a Europa o si perderían la vida en el intento. Se embarcaron en un huida empujados por la miseria y la violencia de su día a día en Nigeria y ahora confiesan que si llegan a saber cómo iban a ser tratados en el camino a Europa probablemente se habrían quedado en sus casas luchando por sobrevivir. Bobby Johnbull, Festus Akowe, Shedrack Eguabor, Friday Omozokpia, Innocent Izuchi y Ayuba Bulus son seis jóvenes nigerianos que fueron rescatados de pateras por el barco Aquarius y llevados al puerto de Valencia en junio del año pasado. Después, el destino los condujo hasta Aoiz, localidad navarra de poco más de 2.500 habitantes, a la cual llegaron hace justo un año.

Su odisea tuvo final feliz, pero el camino de huida no se lo desean ni a su peor enemigo: días sin comer ni beber atravesando el Sáhara, secuestros y extorsiones, tratados como esclavos en Libia y soltados al mar en cayucos. Ahora estudian castellano y se forman para poder conseguir un trabajo mientras solicitan asilo y poder traer a sus familias al Gobierno central. “A Nigeria no queremos volver”, declara Ayuba, que llega a la cita con un camiseta del Nafarroa Oinez, regalo de un amigo del pueblo. Ni él ni sus compatriotas hablan euskera, pero saben que la prenda hace referencia a una fiesta que se celebra para fomentar esta lengua. Se sienten integrados entre los vecinos, aunque reconocen que el idioma es una barrera grande.

Están aprendiendo castellano a la vez que realizan cursos de inserción laboral pero todavía no dominan bien el idioma, por lo que la entrevista se desarrolla en inglés. Los seis jóvenes -de entre 21 y 36 años- transmiten buen rollo y no paran de reír y de bromear entre ellos. No se conocían antes de ser rescatados por el Aquarius pero en este año se han convertido casi en familia. Aseguran estar muy felices en Navarra, y concretamente en Aoiz, pero sus sonrisas se borran de forma radical al recordar el sufrimiento sufrido durante el año que duró su viaje desde Nigeria hasta Valencia.

LA VIDA EN NIGERIA. Miseria e inseguridad

“Decidimos salir de nuestro país porque allí los salarios son muy bajos y la calidad de vida es mala. Sobrevivíamos con poco y por eso tomamos la decisión de venir a Europa en busca de oportunidades”, relata Festus, que trabajaba en Nigeria como dependiente en un supermercado. “Tampoco hay seguridad, vas por la calle y cualquiera te roba el móvil o te atraca a punta de pistola”, añade Friday, el mayor del grupo. En la actualidad, explican, Nigeria se encuentra sacudida por varios conflictos armados: al noreste del país está Boko Haram;en el norte tienen muchos problemas para conseguir agua por lo que se están desplazando hacia zonas del sur y entran en conflicto unos con otros;y en el sur, la zona petrolera, están inmersos en un proceso independentista.

Además de la miseria y el hambre, la seguridad es uno de los principales problemas: “La policía no hace nada. Hay mucha corrupción y no te puedes fiar de las autoridades”, señala Innocent, de 21 años. La misma edad tiene Shedrack, son los más jóvenes de los seis y este último, a pesar de su corta edad, tiene dos hijos -de 6 y 3 años- que continúan en Nigeria. “Los echo mucho de menos y quiero traerlos aquí”, comenta casi entre lagrimas, a lo que Festus añade que necesitan un trabajo: “Nuestras familias esperan que les mandemos dinero y además nosotros queremos trabajar para devolver con impuestos al Gobierno y a la sociedad todo lo que nos ha dado”. “Es muy difícil encontrar trabajo, por el idioma y porque no cuenta nuestra experiencia ni nos convalidan los títulos, pero nosotros estamos dispuestos a trabajar de lo que sea”, afirma Bobby.

VIAJE A LIBIA. Diez días atravesando el Sáhara

“El desierto del Sáhara es una locura, está lleno de esqueletos de gente que ha intentado cruzarlo como nosotros”, exclama Bobby, “vas en una pick-up con mucha más gente. El sol parece que lo tienes a pocos metros y hace un calor terrible”. Cada uno viajó por su cuenta y el trayecto les costó entre 5 y 13 días, por lo que sus experiencias son distintas, pero todas ellas espantosas. Los seis consiguieron viajar gracias a personas con las que tenían contacto en Libia. La mayoría de ellos nigerianos o ghaneses con los que habían trabajado alguna vez. Uno de los peores recuerdos que tiene Festus de su paso por el Sáhara es cuando se encontraban con un pozo de agua: “La gente paraba para beber y se pegaban, literalmente, por conseguir agua. Había veces incluso que llegaban a matar a alguien y a arrojarlo al pozo y aún así seguían intentando beber agua”.

El calor y la deshidratación en el desierto se convierten en un arma mortal para muchos y obligan a hacer cosas impensables. “Cuando llevábamos varios días por el desierto solo pensábamos en beber agua. Llevábamos más días sin comer, pero la sensación de sed podía al hambre”, matiza Shedrack, que relata que antes de salir hacia Libia otros nigerianos les atracaron y les robaron todo el agua. “Yo me bebí mi orina, llevaba varios días sin beber agua”, interrumpe Bobby de manera muy natural. El resto de sus amigos asienten dejando entrever que se trata de una práctica habitual en esa situación.

UN AÑO EN LIBIA. Atrapados como esclavos

Una vez llegaron a Libia, los seis jóvenes respiraron aliviados, habían conseguido cruzar el desierto. Sin embargo, las cosas no iban a ser como se las habían pintado al salir de Nigeria. “A mí, cuando llegué, me vendieron a un patrón para que trabajase para él, prácticamente como un esclavo”, recuerda Innocent. Y es que Libia, al ser una de las salidas de los flujos migratorios de África hacia Europa, es un país lleno de mafias que trafican con personas. Los seis pasaron alrededor de un año allí, trabajando en la construcción o limpiando coches, siempre en puestos en los que los libios no quieren trabajar. “A los extranjeros nos usan para trabajar allí. Al salir de Nigeria nos dijeron que en tres semanas íbamos a estar en Europa, era todo mentira”, explica Festus.

Por lo general, no les daban ni salario ni manutención, tan solo les pagaban una pequeña cantidad en caso de que el patrón se apiadase de ellos. “Allí nos llevan para que trabajemos a cambio de nada. Para cruzar a Europa tienes que escapar y entonces te persiguen a tiros. Si te cogen, te matan”, relata Friday, que añade que, en esa situación, no les quedó otro remedio que huir y montarse en una patera para intentar llegar a Europa. “A Libia no le deseo volver ni a mi peor enemigo”, apunta.

SALIDA EN PATERA. Rescate del ‘Aquarius’

Cuando salieron de Libia, las mafias que les montaban en las pateras les dijeron que no se preocupasen porque los iban a rescatar enseguida. Era una mentira más. El rescate del Aquarius fue, más que todo, suerte. “No sabíamos donde íbamos, estábamos a la deriva”, señala Shedrack, que recuerda el miedo que sintió al verse en medio del Mediterráneo, un temor que comparten todos, especialmente Ayuba: “Para mí lo peor fue el mar, estar perdido en la nada y no saber si te van a rescatar o si vas a morir allí”.

Tras varias horas en el cayuco -entre 15 y 24, según relatan- la muerte deja de ser una posibilidad y se convierte en una realidad. “Mi patera se hundía porque tenía una apertura. Seis personas murieron ahogadas antes de que nos rescatase el Aquarius”, recuerda Festus. Los seis se quedan sin palabras para describir el momento en el que vieron aparecer al buque de rescate llegar hasta ellos, una mezcla entre incredulidad y alivio. “Solo quería cruzar el Mediterráneo, me daba igual a qué país llegar mientras fuera Europa”, declara Friday.

En un principio, tenían intención de ir a Italia al ser el territorio más cercano a Libia. Sin embargo, el Gobierno ultraderechista italiano se negó a dejarles desembarcar, lo que obligaba al buque a devolver a los más de 600 migrantes a la costa libia. Finalmente, el recién constituido Gobierno del PSOE de Pedro Sánchez tomó la decisión de dejar atracar al Aquarius en Valencia. “Estamos muy agradecidos a toda la sociedad española y en especial a Pedro Sánchez por acogernos”, apunta Festus. No obstante, tal y como denuncian varias ONG, actualmente el Gobierno español ha puesto obstáculos a barcos de salvamento impidiendo su labor en el Mediterráneo, obligando a muchos migrantes a volver a Libia. “Sabemos que ahora muchos vuelven, yo no quiero pensar qué hubiese pasado si no nos hubiesen acogido. Probablemente estaríamos en Libia trabajando sin cobrar”, denuncia Ayuba.

Tras desembarcar en Valencia, les dijeron que escogieran a las personas con las que querían vivir. “Nosotros nos conocimos en el Aquarius y como éramos nigerianos decidimos quedarnos juntos”, señala Innocent. Pronto les informaron de que su destino sería Aoiz, en Navarra, una tierra de la que no habían oído hablar nunca. “Nos daba igual donde ir mientras estuviéramos en paz. Pero me llevé alegría cuando me enteré que aquí juega Osasuna, porque era un equipo que conocía”, apunta Festus entre risas.

De cara al futuro, les gustaría poder trasladarse a Pamplona para tener más oportunidades de encontrar trabajo, además están a la espera de que el Gobierno central les renueve los papeles, que vencen en agosto. “No queremos volver a Nigeria, sino sacar a los nuestros de allí”, incide Friday.

2.299 muertos en el Mediterráneo. En 2018, el mar Mediterráneo volvió a ser la ruta migratoria más peligrosa del planeta ya que se cobró la vida de al menos 2.299 personas en sus aguas. De ellas, más de 800 fueron en las rutas hacia el Estado, lo que supone un incremento respecto al año anterior. Sin embargo, tal y como denuncian las ONG, la respuesta de la mayor parte de los países de la UE fue cerrar los puertos y criminalizar la labor de salvamento que realizan las organizaciones.

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