Maddi Barber: ‘Quería filmar las contradicciones que me produce Itoiz’

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Hay una pregunta que lleva años rondando la cabeza de la cineasta Maddi Barber (Pamplona, 1988): ¿Cómo se puede vivir sabiendo que aquellos valles, aquellos pueblos y aquellas casas que te servían de cobijo y referencia están ahora sumergidos bajo el agua?

En busca de respuestas, Barber se ha trasladado en este cortometraje documental que concurre en la sección Zabaltegi-Tabakalera del Zinemaldia a los valles de Arce y Lónguida, para intentar comprender y explicar cómo ha cambiado la vida de los habitantes humanos y animales de estas tierras ahogadas por el pantano de Itoiz.

Esas interrogantes han alumbrado el documental ‘592 metroz goiti’, película que muestra cómo transcurre la vida por encima de la cota máxima del pantano (592 metros). Hemos hablado con Maddi Barber para saber más acerca del trabajo seleccionado para la cosecha de 2018 del programa Kimuak.

¿Qué fue lo que te empujó a retratar la vida sobre el pantano de Itoiz en un documental?

Por un lado, fue una pregunta: “¿Cómo podemos vivir aquí ahora, sabiendo que aquel valle que conocimos, nuestros pueblos y lugares, están bajo estas aguas que vemos todos los días? ¿Qué tipo de vida es posible después de una transformación de este tipo?”.

Por otro lado, el paisaje actual me parece muy raro, es bello y áspero a la vez; cuando baja el nivel del agua del pantano emerge todo lo que está bajo ella: carreteras, árboles, postes, ríos…

Quería acercarme a ese paisaje y filmar las contradicciones que me produce ese lugar.

La vida se abre paso irremediablemente sobre esa cota 592, tal y como se muestra en la película. ¿Cómo dirías que ha cambiado la vida en la zona? ¿A qué pueden agarrarse sus habitantes? ¿Cómo han salido adelante?

La desaparición de pueblos centenarios ha supuesto un cambio enorme en la historia de la comarca. Ahora es otro lugar. Quienes conocemos lo que había antes no podemos evitar esa realidad, y me parece que los animales también tienen allí una biografía paralela.

Cuando empecé con el proyecto, me di cuenta de que los animales actuaban como intermediarios entre las personas y el pantano. Mucha gente se acercaba a la orilla del pantano porque tenían los animales cerca del agua; es decir, que muchos habitantes de la comarca tenían sus pueblos sumergidos, y los animales los empujaban de alguna manera a acercarse a esa realidad.

De la misma forma, las obras de la presa de Itoiz provocaron que mucha gente se afanara en cuidar otras especies, ya que cuidaron de especies en peligro de extinción. De todas maneras, los daños fueron enormes se mire por donde se mire, y la sensación es que ahora nos estamos adaptando a esta nueva tierra, tanto los humanos como los animales.

Estrenaste el documental en el festival de Nyon. ¿Cómo fue?

Creo que a la gente le gustó el trabajo. Lo pusieron junto a un documental sobre otro pantano, y juntos cogieron más fuerza. Sabía que lo ocurrido en Itoiz ha pasado y está pasando en muchos otros lugares, pero me di cuenta de que el cine es una herramienta poderosa para contar y documentar un conflicto así.

Muestras el estado de las tierras que dominan el pantano a través de Ilargi, ganadera, y Javier, guarda forestal. ¿Por qué?

Ambos se acercan a las aguas del pantano de Itoiz por medio de su relación con los animales. Los dos han asistido al cambio del territorio, y presuponía que tenían una manera especial de entender el mundo, que tienen un gran arraigo con el resto de especies y con la tierra.

¿Qué los une a esa tierra?

Habría que preguntárselo a ellos, pero creo que es su propio vínculo con esa tierra. Se trata de una unión fuerte, la sospecha de que eres parte de algo mayor. Y la voluntad y el compromiso de cuidar esa tierra, mayores, si cabe, después de construir el pantano.

¿Esperabas participar en la sección Zabaltegi-Tabakalera? ¿Cómo te gustaría vivir el Zinemaldia?

Para mí es un tremendo orgullo estar en el Zinemaldia y, sobre todo, en la sección Zabaltegi-Tabakalera. Me gustaría vivir esta experiencia con tranquilidad. El trabajo ya está hecho, y ahora me gustaría disfrutar.

Pero se trata de algo que aún tengo que aprender, ya que vivo los actos públicos con un punto de preocupación y nerviosismo. De todas formas, tengo muchas ganas de ver muchas películas, porque últimamente casi no he tenido tiempo de ver nada.

Tienes un segundo proyecto sobre Itoiz entre manos. ¿Cómo será?

¡Sí! Cuando terminé 592 metroz goiti, me di cuenta de que había dejado muchos temas sin tratar. La película se acerca a lo ocurrido con el pantano de Itoiz, pero, tanto temáticamente como espacialmente, la frontera estaba en 592 metros.

El trabajo que estoy montando ahora me llevará a otros lugares, a las imágenes grabadas por el colectivo Solidari@s con Itoiz, a los sueños que la gente tiene con las tierras sumergidas hoy en día, a las aguas del pantano de Itoiz y sus nuevos habitantes… Veo los dos trabajos como un díptico. Si el anterior miraba por encima de los 592 metros, este lo hará hacia abajo.

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